Por Anita Medina.

La volatilidad de la canasta básica mexicana parece irrefrenable, el escueto salario mínimo entregado estoicamente al trabajador mexicano apenas cubre el 20% de las necesidades elementales en cada familia.

Los plátanos a la alza desde el primer trimestre del año, con ellos las tortillas y los frijoles, en casa se sirve cada vez menos y se requiere cada vez más; ¿por qué?, muy sencillo: las cadenas encargadas de vender cosas a la gente bombardean los espacios publicitarios con toda clase de enseres que, desde luego, el mexicano promedio no puede comprar. Sí, el kilo de tortillas, que va de los $8.40, en Puebla, hasta los $17.00 en Mexicali, BC, para algunas familias resulta un lujo difícil de alcanzar.

Mientras el salario pierde su poder adquisitivo, al mexicano se le ofrecen productos y servicios que la mayoría del tiempo no necesita, el resultado es una nación pobre y necesitada de toda clase de cosas inútiles, que alimentan la voracidad por tener mucho más que arroz, frijoles y huevos sobre la mesa.

Sube la calabacita, el chile poblano y el jitomate; ni hablemos del costo del aguacate que llego a escalar a la escandalosa suma de 80 pesos por un solo kilo.

Gobiernos van y vienen pero la situación de pobreza se recrudece y el obrero mexicano llora con las comedias de Televisa, se enoja porque perdió el América y festeja con TV Azteca su orgullo nacional. Pan y circo a un país mediatizado, dormido y necesitado de lujos que algún día va  a alcanzar… ¿la verdad? ¡No alcanza ni para las tortillas!, no importa si se cobra en el área geográfica A, B o C, o si se contabiliza el salario de una lava pisos o un técnico calificado, en México todo trabajo parece indigno, porque ninguno cobra lo que debería, y no hay sueldo que alcance.

¿Y el maestro de artes marciales?

Muchos estudiantes dedicados a las artes marciales sueñan con algún día ganarse la vida enseñando. Si trabajas como instructor para otra persona, puedes ganar un salario en lugar de correr los riesgos asociados de iniciar tu propia escuela.

A partir de 2012, la empresa de puestos de trabajo Simply Hired, estableció el salario promedio de un instructor de artes marciales como de US$ 35.000 al año –lo que serían $612,500 pesos mexicanos, al tipo de cambio US$1 = $17.50–.

Eso se compara con la cantidad de US$ 32.440 ($567.70) que figura en Salarylist.com. Tu salario dependerá, en última instancia, del arte específico que enseñas, así como del lugar donde lo hagas.

Sin embargo, pese a que en nuestro país no existe un contabilizador oficial para medir el salario de un maestro de artes marciales, el honorario por clase deriva entre los $100.00 y $200.00. Significa que, probablemente, el ingreso no sea suficiente para sostener el gasto que requieres, ni de la canasta básica, y mucho menos el de la actividad marcial que, por cierto, es difícil de mantener y motivo de otra reflexión.

Los estudios de artes marciales a menudo tienen dificultades para obtener ganancias y permanecer en el negocio. En muchos casos, los propietarios tienen dificultades para percibir el pago puntual y completo de los estudiantes, y también tienen que hacer frente a riesgos adicionales, tales como una alta rotación.

Muchas escuelas de artes marciales cierran dos años después de la apertura. Por esta razón, una carrera como instructor de artes marciales puede carecer de estabilidad. Sin embargo, algunos propietarios han desarrollado estrategias eficaces para superar estos problemas y convertir sus escuelas en negocios altamente rentables.

Cuando veas un anuncio para un puesto como instructor de artes marciales, ten en cuenta no sólo el salario, sino también el éxito de la escuela y el tiempo que ha estado en el negocio.

Esta simple realidad sobrepasa el enojo, el escarnio, los gritos de furia o las miradas de impotencia por la pobreza del salario, simplemente se adormece a un pueblo que involuntariamente se adapta a medio comer, medio vestir y medio vivir con una dignidad que deja mucho que desear, y no es culpa de unos u otros actores de este drama, la responsabilidad debemos compartirla todos, los que cobramos y los que pagan, los que votamos y los que gobiernan, no hay quien no toque en esta orquesta, unos por encajosos y otros por dejados, por ignorantes y por tibios; no es que el gobierno, la política o los medios actúen de acuerdo a derecho moral y ético, ellos, los dueños del poder no tienen problema para arrebatárselo a un pueblo apático, encandilado con dramas inexistentes, con figuras publicitarias utópicas y con ríos de alcohol e ignorancia alimentada de carencia, pobreza de intelecto y alma.

¿La invitación? Apaga el televisor, y toma la mejor arma de todas: un libro, una revista, una publicación de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, una gaceta gubernamental que hable sobre tus derechos… ¡infórmate donde sea! pero no “donde siempre”, busca, escudriña, mete la nariz “donde no debes”, acércate a la verdad sobre tu economía, ésa que por cierto te azota todos los días.

¡Levanta la cara mexicano!

 

 

 

 

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