En una decisión que redefine el futuro del deporte de élite, el Comité Olímpico Internacional (COI) anunció una nueva política sobre la protección de la categoría femenina. A partir de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, la elegibilidad para competir en eventos femeninos quedará limitada exclusivamente a mujeres biológicas, criterio que será verificado mediante una prueba científica del gen SRY.
Esta normativa, aprobada por el Comité Ejecutivo del COI tras una revisión exhaustiva entre 2024 y 2026, busca proteger la equidad, la integridad y, en deportes de contacto, la seguridad de las atletas. Según el comunicado, la presencia del gen SRY se considera una prueba definitiva de que un atleta ha experimentado el desarrollo sexual masculino, lo que otorga ventajas competitivas permanentes en fuerza, potencia y resistencia.
La ciencia detrás del gen SRY
El punto central de esta política es la implementación de la detección del gen SRY (un segmento de ADN en el cromosoma Y que inicia el desarrollo testicular en el útero). El COI considera que este es el método más preciso y menos invasivo disponible, realizándose a través de muestras de saliva o sangre una sola vez en la vida del atleta.
Aquellas deportistas que den negativo en la prueba cumplirán de forma permanente con los criterios de elegibilidad. Por el contrario, los atletas con resultado positivo —incluyendo atletas transgénero XY y personas con variaciones del desarrollo sexual (DSD) sensibles a los andrógenos— no podrán participar en la categoría femenina, aunque mantienen su derecho a competir en categorías masculinas, abiertas o mixtas.
Un consenso basado en la equidad y la seguridad
La presidenta de la Comisión de Atletas del COI, Kirsty Coventry, fue enfática al respecto: «Como exatleta, creo firmemente en el derecho a una competición justa. No sería justo que hombres biológicos compitieran en la categoría femenina. En algunos deportes, simplemente no sería seguro».
La política se sustenta en las conclusiones de un Grupo de Trabajo internacional que determinó que la biología masculina proporciona una ventaja de rendimiento insuperable en el alto rendimiento. No obstante, el COI aclaró tres puntos fundamentales para la implementación:
- No es retroactiva: Los resultados previos a 2028 no serán alterados.
- Excepciones raras: Atletas con Síndrome de Insensibilidad Completa a los Andrógenos (SICA) podrían ser elegibles tras evaluación experta.
- Ámbito de aplicación: La regla es exclusiva para el deporte de élite (Juegos Olímpicos y eventos COI) y no se aplica al deporte recreativo o de base.
Dignidad y acompañamiento al atleta
El COI subrayó que esta medida no es un juicio sobre la identidad de género o el sexo legal de las personas. La política exige a las Federaciones Internacionales garantizar el respeto a la privacidad, el apoyo en salud mental y la confidencialidad de los resultados.
Con este anuncio, el COI sustituye marcos normativos anteriores y establece una ruta clara para que las federaciones deportivas internacionales alineen sus reglamentos de cara a la próxima justa olímpica en territorio estadounidense.
Columna de Opinión: El blindaje del tatami en Los Ángeles 2028
Sendero Artes Marciales
La reciente política del COI sobre la protección de la categoría femenina no es solo un ajuste administrativo; es un blindaje necesario para las disciplinas de combate. Si bien la equidad es el motor de esta decisión, en deportes como el Judo y el Taekwondo, la palabra clave es seguridad.
En el Judo, donde el control del centro de gravedad y la fuerza explosiva en proyecciones como el Osoto Gari definen un combate, la ventaja biomecánica masculina no es una teoría, es un riesgo latente. Lo mismo ocurre en el Taekwondo: la potencia de impacto en un Dollyo Chagi a la careta se multiplica drásticamente cuando existe un desarrollo puberal masculino previo. Permitir que esos márgenes de fuerza biológica entren al área de competencia femenina ponía en jaque la salud de las atletas.
Con la implementación del gen SRY como filtro único, el COI devuelve la certeza a las peleadoras. Ahora, una judoca o una taekwondoín mexicana que entrena cuatro años para un ciclo olímpico sabe que se enfrentará a sus iguales biológicas. Esta medida no excluye por prejuicio, sino que organiza por biología funcional, asegurando que en el tatami de Los Ángeles 2028, la única ventaja permitida sea la del talento, la estrategia y el espíritu inquebrantable del guerrero.
Con información y foto del COI.



