La historia del Colegio de Estudios Superiores de Wushu y Medicina Tradicional China (CES Wushu) está escrita con sudor, disciplina y combates reales. Tras superar los primeros retos de su fundación en 1990 —donde el respaldo del Maestro Abraham Dergal fue crucial para mantener en pie el proyecto y no le cerraran su escuela a unos días de abrir sus puertas—, el destino de la escuela dio un giro definitivo con la llegada de una figura mítica para el Kung Fu en México: el Maestro Pau Kar Isai, fundador del estilo Jip Do.
“El maestro Pau se asomó a la escuela en 1991. Recuerdo que lo invité a pasar y me senté en una silla desoldada que me había regalado mi mamá; para no caerme, tenía que hacer una postura de Mapu (posición de a caballo). Estoy seguro de que él lo notó y me dio la primera clase, porque se tardó un buen rato platicando y yo aguantando en esa postura”, relata con humor el Shifu Enrique Lozada.
Ese primer encuentro de media hora fue el preludio de una transición técnica absoluta, pues luego de aceptar la invitación paa un seminario de combate, donde Lozada no puedo evadir los ataques del maestro Pau y “salía volando” con cada una de sus paadas, el CES Wushu dejó el Chang Quan para dedicarse por completo, durante los siguientes 35 años, a la enseñanza y difusión del Kung Fu Jip Do.
El rigor del Jip Do: De las giras nacionales al examen en Tepito
La aceptación del nuevo estilo no fue un proceso de escritorio, sino de constante comprobación en el área de combate. Shifu Lozada acompañó al Maestro Pau en intensas giras por diversos estados de la República Mexicana, con una consigna clara: medirse ante los campeones y maestros locales de cada región.
“Afortunadamente nunca perdí”, evoca Lozada. Sin embargo, el examen más singular para ascender de grado estaba por llegar. Al solicitar un nuevo nivel, la respuesta del Maestro Pau fue contundente debido al origen de su alumno: “Tú naciste en Tepito, entonces vamos a ir a Tepito para que te pelees ahí. Si veo que te están matando, yo te saco”. Aquella prueba de fuego en el “Barrio Bravo” consolidó el carácter y la efectividad del sistema.
Esta rigurosa formación llevó al director del CES Wushu a capacitar a corporaciones de alta exigencia, como las fuerzas militares y lo que en su momento fue la Policía Federal de Caminos, en dinámicas de desarme con armamento real. “El cuchillo era el arma favorita del maestro Pau; en las exhibiciones me lo pasaba rozando el cuello, las axilas o las ingles. Los generales se sorprendían de la técnica del maestro y a mí me felicitaban por el aguante”, recuerda.
El salto a Oriente y el nacimiento de “Lihai” (El Peligroso)
El gran sueño de viajar a China se materializó en el año 2004, gracias al patrocinio de un importante empresario y alumno de Taiji, quien financió una estancia de entrenamiento de cuatro meses tras enterarse de que el Shifu había concluido sus estudios del idioma chino en la UNAM.
Al llegar a las áreas de entrenamiento en China, el panorama no era sencillo. Los maestros locales mostraban recelo hacia los extranjeros. No obstante, la estricta disciplina del Jip Do marcó la diferencia. Durante las extenuantes sesiones, Lozada mantuvo el ritmo de los atletas locales, al grado de lesionar legítimamente a uno de los mejores prospectos del campamento tras un intercambio de potentes patadas.
“Cuando salí del área, los chinos en el pasillo se me quedaban viendo y me decían ‘Lihai’ (se escribe L-I-H-A-I), que significa afilado o peligroso. Desde ese día todos me apodaron ‘El Peligroso’”, señala el Shifu.
Destronando al invicto el Día Nacional de China
Este suceso provocó que lo reubicaran en un área de Sanda (boxeo chino) profesional, rodeado de atletas que superaban el 1.80 de estatura. La prueba máxima llegó el 1 de octubre, durante las celebraciones del Día Nacional de China, donde los oficiales militares instaron a los atletas a competir en distintas disciplinas.
Shifu Enrique Lozada se inscribió en salto de altura, salto de cuerda y combate. Fue en esta última modalidad donde el destino lo cruzó con el campeón invicto de la región, quien ostentaba una racha de ocho años sin conocer la derrota. Aplicando la velocidad y potencia del Jip Do, el estratega mexicano logró lo impensable: derrotar al monarca en su propia tierra.
“Al terminar la pelea, el campeón bajó del área para felicitarme y me preguntó cómo se apellidaba mi maestro. Le dije que se apellidaba Pau. Fue muy curioso porque sonrió, me dijo: ‘Ah, con razón’, me volvió a saludar y se retiró”, concluye Shifu Lozada. Esta victoria internacional no solo ratificó la efectividad de su escuela, sino que selló con letras de oro la víspera de lo que hoy, rumbo a su 36 aniversario, es el Colegio de Estudios Superiores de Wushu en la Ciudad de México.
Fotos: Cortesía.
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