Una de las incógnitas de las artes marciales, es si existieron o no disciplinas guerreras que podrían considerarse de este campo. Por ello, Jorge Bertín Nicolás Salazar, pasante de arqueólogo, investigador y director del proyecto Aztecorum, nos presenta una serie de sus estos temas que ha encontrado durante su sendero en el arte de la guerra tradicional y prehispánico.

¿Artes marciales de Mesoamérica? Mitos y realidades del arte de la guerra prehispánico

Por Jorge Bertín Nicolás Salazar*

─1ª parte─

Cuando pensamos en artes marciales, pensamos en los guerreros antiguos que crearon y desarrollaron los estilos. Samuráis, monjes Shaolin y antiguos caballeros. Inevitablemente, al pensar en México, se tienen ideas sobre las técnicas de combate que tenía un guerrero águila o un guerrero maya. Aquí es donde saltan más dudas que respuestas y un mar de desinformación.

Para sumergirnos en este mundo y ser claros, comencemos con algo importante: ¿qué es un arte marcial?, término que ha cambiado en las últimas décadas. Suele asociarse más al deporte de contacto, la mano vacía, formas, grados y torneos, de ahí nacen muchas confusiones.  Arte marcial no es lo mismo que deporte de contacto.

Monumento C de Tres Zapotes. En esta caja de piedra olmeca pueden verse a guerreros armados con lanzas y mazos. Esta es una de las evidencias más tempranas de la práctica de la guerra en Mesoamérica. Imagen Cortesía.

De hecho, el deporte como lo conocemos hoy es algo muy moderno, el arte marcial en su concepto primigenio, refiere a las técnicas de combate que se usaban en la guerra, así como habilidades que se enseñaban de generación en generación para sobrevivir con armas o mano vacía.

También se enseñaba al guerrero una filosofía que lo ayudaba a enfrentar problemas emocionales como el miedo al combatir, el temor a la muerte y que hay después de morir.  Es algo que vemos constante en muchas doctrinas guerreras antiguas de Asia y Europa. Las artes marciales eran parte del entrenamiento que el gobierno exigía a nobles para mantener su estatus y al pueblo para ser ciudadanos.

Entonces, ¿existió una tradición marcial mesoamericana? ¿Artes marciales prehispánicas? Visto desde este punto, sí.

Existió una tradición guerrera en Mesoamérica que tiene por lo menos dos mil años de antigüedad que comenzó a practicarse para la guerra en el territorio mexicano. Los vestigios más antiguos los encontramos en estelas y cajas de piedra olmecas que datan del 1500 A. C. En ellas, vemos a guerreros representados con mazos y lanzas, aunque, por desgracia, se cuentan pocas evidencias para conocer a detalle las prácticas militares que pudieron haber tenido estos pueblos.

Se sabe que el periodo clásico (200- 600 D. C.) fue una época de gran actividad militar, donde el área maya fue la más turbulenta con muchos reinos pequeños en disputa por el poder. Gracias a su arte y escultura conocemos mejor sobre sus prácticas guerreras que, al parecer, eran enseñadas dentro de las familias nobles para ganar prestigio.

Escena de vasija Kerr, en la cual se representa un combate ritual maya. En ella podemos ver el uso de manopla para técnica de golpeo, así como el posible uso de pateo. Imagen Cortesía.

Se les enseñaba el arte del uso de la lanza, que era su arma principal, sea ya a una mano y con escudo o a dos manos. Otra técnica de combate fue el enfrentamiento cuerpo a cuerpo para capturar a sus enemigos vivos.

Esto tiene un motivo y es que los mayas buscaban capturar a los nobles enemigos y humillarlos en ceremonias públicas para demostrar su poder. También se conoce de la existencia de combates espectáculo en las cuales usaban caracoles y punzones de hueso, donde se dice que podían lanzarse patadas y puñetazos, así como el sometimiento, o lo que ahora se conoce como grappling, eran practicadas por los cautivos de guerra en los campos de juego de pelota. 

Escena de vasija Kerr, en la cual se representa un combate ritual maya. En ella pueden verse a peleadores aplicar técnicas de sumisión, así como el uso de punzones de hueso como armas. Imagen Cortesía.

Al tiempo que en territorio maya se peleaba el poder, en el centro de México se formaba el gran imperio de Teotihuacán, pero, a diferencia de los mayas, no hay indicios de una escritura concreta en este tema y, por tanto, hay muchos misterios.

Sin embargo, gracias a su escultura y pintura mural, sabemos que los teotihuacanos desarrollaron y perfeccionaron el atlatl o lanzadardos para la guerra, que fue un arma muy antigua y de tiempos de la caza del mamut.

Los teotihuacanos fueron maestros tiradores de dardos, con tal éxito, que les permitió llegar al sur de México para enfrentarse a los mayas, quienes terminaron por adoptaron el atlatl entre sus armas.

Escena del Códice Becker, donde se aprecia a un guerrero mixteco usando el atlatatl, que era una arma en forma de bastón que alargaba la extensión del brazo para aumentar el alcance y potencia de un dardo al ser arrojado, fue el arma más poderosa de los guerreros teotihuacanos y culturas posteriores. Imagen Cortesía.

Siglos después (periodo posclásico 900-1521), tanto las ciudades mayas como la de Teotihuacán entraron en crisis y fueron deshabitadas. Hubo un periodo de guerra total entre pequeñas ciudades, a lo que se sumó la llegada de migrantes del norte, los chichimecas.

Los chichimecas trajeron consigo una nueva arma al arsenal prehispánico, el arco y la flecha, en cuyo uso eran diestros, y que posteriormente fueron adoptados por las culturas mixteca, maya y tolteca.

El último gran grupo chichimeca que llegó del norte fueron los mexicas, y con ello el militarismo llegó a su máxima expresión, gracias a la importancia que le dieron a la guerra y la gran cantidad de evidencia que se tienen.

Se sabe que llegaron a la construcción de artes marciales aún por descubrir, que crearon escuelas especializadas en las que se enseñaba el combate, el cual fue parte de un sistema de educación obligatoria, junto con las artes y oficios.

En lo que sería el arte marcial mexica, se puso gran énfasis en el combate cuerpo a cuerpo, con puño cerrado, así como al sometimiento a mano desnuda, con armas y cuerdas de sus enemigos, ya que para ellos era importante capturar vivos a sus enemigos para llevarlos al sacrificio.

Guerrero sacerdote mexica que sujeta del cabello a un cautivo en batalla, el cual es arrastrado por el piso, lo que sería una manera de alta destreza marcial de un guerrero mexica. Imagen Cortesía.

Capturar vivo a un enemigo resultaba más complejo que matarlo, es por ello que, al parecer, se consideraba la idea de la capturar como el máximo ideal de la destreza marcial del guerrero mexica.

Junto con estas prácticas, también estuvo el uso y manejo de las armas, donde se considera que primero fue el uso de las armas de tiro como la honda, el arco o el atlatl y, posteriormente, el de las armas de combate cuerpo a cuerpo como el mazo, el macuahuitl y la lanza.

Además, se tiene conocimiento que, una vez preparados los jóvenes guerreros, eran mandados a la guerra para probarse como hombres, y si capturaban prisioneros, ganaban armaduras, cascos y autoridad como instructores en las escuelas. Junto con estas habilidades de combate, además de que eran complemento de las actividades del combate, se les enseñaba a los guerreros la poesía y el canto. Los guerreros componían versos que eran llamados yaocuicatl, en los cuales expresan sus conocimientos y sentimientos ante el combate, la muerte y la gloria, muy similar al caso de la poesía de los samurai.

Por desgracia, después de la conquista, este complejo sistema de educación marcial desapareció, sea ya por prohibición o la adopción de las armas europeas.

En conclusión, podemos ver que México tiene una larga tradición, o más bien, tradiciones guerreras milenarias y que a pesar de haber desaparecido dramáticamente, hay pistas que nos permiten mantener la esperanza de conocer y volver a practicar los sistemas de combate de los guerreros águila y jaguar.

Continuará…


*Jorge Bertín Nicolás Salazar

Pasante en Arqueología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). Sus líneas de investigación se han enfocado en la arqueología militar de Mesoamérica, la arqueología experimental, la recreación histórica y los juegos y deportes autóctonos. Participó en la excavación de sitios mexicas como el gran basamento de Tlatelolco, el Huey Tzompntli de Tenochtitlan, así como la restauración del basamento de Ehécatl, del metro Pino Suárez. Miembro del comité fundador del coloquio de estudios sobre la guerra en Mesoamérica. Participó dentro del equipo de museografía de la exposición los guerreros del monte Tláloc, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Participó en la elaboración de réplicas de armamento mexica para la exposición Azteken del Linden Museum de Stutgart.  En lo deportivo, ha sido representante de la Ciudad de México (CDMX) en las disciplinas de tiro con arco indígena y atlatl en los XVIII, XX, XXI Encuentros Nacionales de Juegos y Deporte Autóctonos de la Federación Mexicana de Juegos y Deportes Autóctonos de la CONADE.  Ha desarrollado y promovido la esgrima con el macuahuitl y el chimalli en eventos deportivos como el primer torneo de combate medieval de la CDMX, así como el 1er Abierto Internacional de Sable Coreano de la Unión Mexicana de Sable Coreano. Actualmente dirige el proyecto Aztecorum, enfocado en promover la arqueología y la cultura marcial prehispánica. 

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