No te pierdas la segunda entrega de una serie de colaboraciones del investigador, pasante de arqueología y practicante de artes marciales, Jorge Bertín Nicolás Salazar, sobre las disciplinas marciales prehispánicas, y quien ahora toca el tema de las evidencias encontradas respecto a estas prácticas en el México antiguo.

¿Qué evidencias tenemos de las artes marciales prehispánicas?

Por Jorge Bertín Nicolás Salazar

¿Por qué no se conoce mucho de las artes marciales prehispánicas?, la respuesta es simple, no existen evidencias concretas de su práctica.

A diferencia de Asia o Europa donde hay armas, manuales y maestros, en el caso de México es una tradición rota, más no destruida. Se encuentran muchas pistas dispersas en muchos lados, como esculturas, códices, crónicas antiguas, armas arqueológicas, grupos indígenas que practican combates rituales.

Pistas dispersas como una vasija rota. Y al igual que una vasija rota hay que saber armarla, aunque los pedazos no siempre encajan. Las evidencias necesitan saber ser interpretadas correctamente, y es aquí donde hay muchos fallos.

Escena del Lienzo de Tlaxcala, en la cual podemos ver a una Guerrero Coyote aplicando un golpe con un mazo cuauhololli, a una enemigo. Imagen Cortesía.

Un historiador o arqueólogo sabe interpretar el pasado, pero no ve el mundo como un artista marcial, o un artista marcial puede conocer del combate, pero no el contexto histórico cultural de la guerra, ambos tienen una visión a medias.

Esto ha hecho que los arqueólogos lleguen a negar las artes marciales en el México prehispánico y artistas marciales que crean estilos prehispánicos con poco sustento histórico.

Las evidencias con las que contamos los que investigamos este tema son diversas, algunas son muy directas y nos permiten ver muchos detalles, otras son indirectas y se necesita ponerle mucha atención.

Escena de los Murales de Cacaxtla, en e que se aprecia a un Guerrero Xicalanca, armado con cuchillo de obsidiana y escudo, aplicando un sometimiento a un enemigo. Imagen Cortesía.

Las primeras evidencias que encontramos son las representaciones gráficas, esculturas, códices y murales que muestran, explícitamente, escenas de personas en posturas de guardia, combatiendo con las armas, o en el mejor de los casos, aplicando una técnica contra un oponente.

Este tipo de evidencias son muy parecidas a los manuales antiguos de Asia o Europa, y al igual que los practicantes de artes marciales históricas europeas, nos enfrentamos al problema de imágenes estáticas en las que el reto es darles movimiento en nuestra mente.

Los ejemplos más importantes de eso lo tenemos en los murales mayas de Bonampak, donde fueron pintados escenas de hombres sometidos con lanzas o el lienzo de Tlaxcala en el que se muestra un códice donde vemos personas en diferentes posturas usando el macuahuitl o espada mexica.

Figurilla de cerámica del occidente de México, en la que se ve a un peleador ritual sometiendo a un contrincante en el piso, usando una roca como manopla. Imagen cortesía.

Otra evidencia que nos ayuda a interpretar son los restos de las armas arqueológicas, aunque por desgracia son muy pocas, debido a que la mayoría de las armas prehispánicas eran de materiales que se desintegran con el tiempo (madera, hueso, fibras vegetales y piel). Sin embargo, son pistas muy valiosas que nos hablan acerca de las técnicas de combate.

Gracias a las características de su diseño forma y peso podemos comenzar a recrearlas y empezar a usarlas para descubrir la forma más óptima de utilizarse.

En México se han encontrado diversos tipos de armas arqueológicas, desde cientos de punta de lanza de obsidiana, mazos de madera y piedra, escudos de madera y carrizo, así como cosas piezas excepcionales como el macuahuitl o espada mexica.

Algunas evidencias son más descriptivas y nos ayudan a completar el cuadro, justo es lo que sucede con las crónicas antiguas, donde los conquistadores y frailes se interesaron por conocer algunas cosas del mundo prehispánico y describieron lo que vieron o lo que le contaban los nativos.

Reconstrucción de macahuitl, o mal llamadas espadas mexicas, hechas por el autor. este tipo de piezas surgen de la arqueología experimental. Con este método, los arqueólogos comprenden las capacidades de las armas antiguas, y los artistas marciales pueden comenzar a ver las técnicas más adecuadas para su uso. Foto Cortesía.

Gracias a eso, podemos ver algunas cosas de cómo era la vida de los guerreros antiguos, las formas en las que eran entrenados, los rituales que hacían al iniciarse en las armas o al ascender de grado militar, así como la filosofía guerrera que les inculcaban; incluso, en el caso mexica, se conocen poemas de guerra escritos por los guerreros yaocuicatl.

Finalmente, la evidencia más difícil de tratar, pero también muy vivencial, son las costumbres de los pueblos indígenas actuales. Los verdaderos herederos del México prehispánico son las personas de las comunidades indígena que aún hablan las lenguas originarias y practican antiguos rituales, juegos y costumbres.

Porrazo del Tigre, un tipo de lucha ritual que hacen los nahuas en el estado de Guerrero, en temporda de lluvias y fin de año. Los peleadores usan un traje similar a los guerreros Jaguar. Foto Cortesía.

Gracias a ellos, podemos ver, de forma viva, el uso de algunas armas antiguas, como la honda, el arco o hasta complejos combates rituales que nos dan una perspectiva de cómo pudo haber sido una batalla prehispánica, como el caso de los tecuanes que pelean cada tres de mayo para traer la lluvia.

En conclusión, encontrar pistas para comprender las antiguas artes marciales prehispánicas, es un camino que necesita la visión de un científico, pero el vigor y destreza con el cuerpo que posee un artista marcial, es una cosa que debe no solo ser comprendida por la mente, sino también practicarse.

Continuará…

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