Este 25 de noviembre se cumple medio siglo de la muerte de uno de los grandes y controvertidos escritores de Japón, quien además de destacar por su labor en las letras, sobresalió por su pasión por las artes marciales, hasta decidir llegar hasta el último sendero.

Yukio Mishima, el cuerpo como templo… a 50 años de su muerte

Por Boris Ayala

Considerado entre los grandes escritores japoneses del siglo XX, Yukio Mishima pasó de ser un “flacucho” joven a un verdadero guerrero samurai… hasta la muerte.

Kimitake Hiraoka, nombre real de Mishima, tendría hoy 95 años; situación inadmisible para quien, según su propia expresión, no estaba dispuesto al pasivo camino que la naturaleza nos impone al resto: morir bajo el indignante signo del deterioro. 

Su muerte ritual antes de cumplir los cuarenta y seis años, a la manera de la tradición samurai del “Seppuku” (cuya forma incompleta denominamos popularmente “Harakiri”) fue una “obra” -sopeso la palabra- calculada y prevista acaso desde su primera juventud.

Hecha suya la divisa samurai de unir arte con acción, armonizando “pluma y espada”, acabaría su imperativo ético-estético adquiriendo tonos estridentes a través de su muerte elegida, discordante en un contexto definitivamente alejado del Japón feudal que, en apariencia al menos, Yukio Mishima añoraba.

Sobre la terraza del edificio tomado en el cuartel del ejército, previo a su auto inmolación, lo que buscaba, presuntamente, era agitar la conciencia de un Japón debilitado por la molicie, traidor a sus valores auténticos, privado de su vocación guerrera. 

La construcción de un cuerpo bello a través del martirio constante por medio del esfuerzo físico, el fisiculturismo y las artes marciales, era prolegómeno imprescindible para la concreción de su “obra final”: una hermosa muerte requiere necesariamente de un hermoso cuerpo. 

Si el físiculturismo y la práctica del karate o el kendo, en las que adquirió calidad olímpica, absorbieron mucho de sus últimos quince años, tal sería su entusiasmo al constatar, triunfante, la transformación de su cuerpo que, en una actitud casi adolescente, no perdía oportunidad para exhibir su adquisición, su conquista. 

El narcicismo tétrico de esas fotografías ya apuntaban indudablemente a la resolución fatal que Mishima había tomado y de la cual, por las leyes de su mente, ya no podría escapar. La ecuación de su existencia no reconocía sino una solución: unir arte y vida en el instante fuera del tiempo que es la muerte.

Las biografías sobre Yukio Mishima, mencionan que nació en Tokio, el 14 de enero de 1925. Como se mencionó, su verdadero nombre fue Kimitake Hiraoka. Fue un novelista, ensayista, poeta y crítico japonés, ha sido considerado uno de los más grandes escritores de Japón del siglo XX. En 1968, fue candidato para el Premio Nobel de Literatura pero perdió ante Yasunari Kawabata.

Entre sus obras, se encuentran Confesiones de una Máscara y El Pabellón de Oro. Murió por Sepuku el 25 de noviembre de 1970

(Texto originalmente publicado en Sendero Artes Marciales en marzo de 2015)

Imagen: Líneas sobre Arte

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