Historias de Karate, relatos de un Sensei: Jorge Noceda Moreno (2a parte)

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Historias de Karate, relatos de un Sensei Jorge Noceda Moreno (2a parte)

Con esta publicaci√≥n, contin√ļa la segunda parte de la serie ‚ÄúHistorias de Karate, relatos de un Sensei‚ÄĚ*, donde Shihan Juan Jorge Noceda Moreno prosigue su historia, luego de conocer a su primer maestro Sensei Kenshiro Majima e iniciarse en el karate a inicios de la d√©cada de a√Īos 70‚Äôs del siglo pasado.

Aunque podr√≠a parecer contradictorio el que en esta disciplina marcial encontrara un refugio para su esp√≠ritu rebelde por la situaci√≥n social que se viv√≠a en aquella √©poca, Shihan Jorge Noceda qued√≥ prendido por la fuerza de voluntad y autodominio que comenz√≥ a sentir y vivir en cada uno de sus entrenamientos, a√ļn a pesar de lo estricto y rudo de las pr√°cticas, hasta alcanzar su Cinta Negra, algo que √©l mismo nos platica.

Shihan Jorge Noceda Moreno, (izquierda), en entrevista con Roberto Balderas A. (derecha). Foto √Ālvaro Ruiz.

Autodescubrimiento

El cambio en mi personalidad lo fue viendo mi familia, poco a poco. Yo era un joven introvertido y poco sociable, pero con el karate, cada vez era más seguro. El karate da seguridad a uno mismo, hace que se controle esa rebeldía que uno siente. Cuando uno es muy pasivo y de repente explota, se quiere golpear y patear las cosas, pero con el karate eso se tranquiliza. Hay un equilibrio en la personalidad, porque uno toma confianza en lo que hace, y cuando uno hace las cosas bien, las cosas van bien, y sino, cuando menos queda la satisfacción de que las hicimos bien.

Adem√°s, una de las cosas que tiene el karate es que nos ense√Īa que todo lo que iniciamos lo debemos terminar, como en los estudios, un proyecto, lo que sea, hay que concluirlo. Y eso mismos es en la pr√°ctica del arte marcial.

Credencial Dojo de la Nippon Karate Kyokai, Cinta Verde, a√Īo 1972. Foto Cortes√≠a.

Recuerdo muy bien una vez en que el maestro me pidió que le tirara un golpe a la cara, mientras él estaba dando una explicación; era para defenderse de una agresión con la defensa, entonces yo estaba viendo hacia abajo por la cuestión del pelo largo, entonces se lo tiré, sin que él me hubiera dado la indicación y yo solo tiré el golpe mientras él miraba hacia los otros estudiantes.

Pero cuando ya estaba cerca de su rostro, en menos de un segundo me detuvo el pu√Īo con la palma de su mano abierta cerca de su boca. Eso para m√≠ fue algo as√≠ como ¬Ņqu√© hizo, c√≥mo lo hizo?

Primeros kumites

Yo no faltaba a mis clases, siempre estaba a tiempo, no faltaba, ten√≠a un compa√Īero que era m√°s o menos del mismo tiempo en que yo entr√©, y como a los tres o cuatro meses de entrenar, nos citaron a una reuni√≥n y nos avisaron que iban a haber unas clases especiales de combate, porque ya comenzaban las competencias en el mundo.

Nos explicaron que estas clases estaban abiertas a todos los grados y grupos. Acud√≠ junto con este compa√Īero (√©ramos cinta blanca). Empezamos como 60 alumnos, pero a los dos meses qued√°bamos ocho nada m√°s, porque s√≠ hab√≠a muchos golpes y algo de sangre, por la falta de control y la novatez, y solo este compa√Īero y yo nos mantuvimos…

Sobre mi primer combate o kumite, recuerdo que fue algo muy natural, era cinta blanca, no ten√≠a la idea de lo que pod√≠a doler un golpe de karate, comenzamos y… bueno, el hecho fue que volv√≠ a llegar a casa con los ojos morados. Mis padres me ve√≠an y dec√≠an: ‚Äúpues qu√© pas√≥, no que ibas a aprender a defenderte‚ÄĚ. Pero ya luego no me dec√≠an nada.

Juan Jorge Noceda y Juan Jorge Farias, Dojo del Sensei Matsuura, Miguel √Āngel de Quevedo 134, Coyoac√°n, Distrito Federal, hoy Ciudad de M√©xico. Foto Cortes√≠a.

Eran unos combates muy sabrosos, aunque muy duros, siempre tuvimos el cuidado de no lastimar, no lesionar; pero no se podían evitar los moretones, en brazos, piernas y ojos.

Kenshiro Majima, un gran Maestro

Un d√≠a estaba entrenado y haciendo la patada de lado en la clase que daba el maestro Majima y, por distraerme al ver a una muchacha, me resbal√© y fui a caer en el piso y son√≥ el golpe en todo el dojo ¬°zas! el ‚Äúcostalazo‚ÄĚ.

Todos se botaron de risa y fue entonces que el Maestro Majima demostr√≥ su gran calidad como persona, porque de inmediato me llam√≥ e hizo una demostraci√≥n conmigo para que todos dejaran de re√≠rse. Eso para m√≠ fue como decir ‚Äúno voy a permitir que se r√≠an de un accidente o descuido‚ÄĚ y, por el contrario, me dio √°nimo para seguir haciendo el ejercicio. Eso es ser un gran Maestro.

Kenshiro Majima en competencia. Foto Cortesía.

El maestro Kenshiro Majima era una persona muy refinada, exquisita, lamentablemente solo estuvo menos de un a√Īo en M√©xico, porque falleci√≥ en un accidente en la carretera de Quer√©taro.

Dojo Miguel √Āngel de Quevedo

Luego de la muerte de mi primer maestro muerte no supe qué hacer, me dediqué a buscar una escuela, encontré muchas, pero no eran lo que yo buscaba; decían que era karate, pero no era así, no tenía ni la disciplina, calidad técnica ni el ambiente que se vive en un dojo de karate. Así estuve hasta que me llamó el maestro Matsuura.

Cuando muri√≥ Majima, el maestro Hiroshi Matsuura nos avis√≥ que iba a abrir un dojo y fue el que se ubic√≥ sobre avenida Miguel √Āngel de Quevedo, en Coyoac√°n. Me dijo que iban a comenzar las clases ah√≠; empezamos ocho, pero llegamos a ser m√°s de 300 miembros, hasta que cerr√≥ y despu√©s estuvo la librer√≠a Gandhi, fue un dojo muy famoso.

Sensei Hiroshi Matsuura. Foto Cortesía.

El maestro Matsuura estaba afiliado con el maestro Hidetaka Nishiyama, quien era el representante de la Japan Karate Association (JKA) en toda América, así que nuevamente sentí lo que era entrenar de nuevo el buen karate.

En ese tiempo me tocó ver un examen, era Juan Jorge Farías, quien junto con Carlos Vila y el Dr. Manuel Mondragón y Kalb, fueron los primeros en ser Cinta Negra de karate en México, y ese día estaba revalidando su grado ante la JKA y, posteriormente, me tocó hacer combate con él, fue algo increíble.

Al hacer combate, uno siente que todo lo puede defender, que puede ponerse con una persona de cualquier condici√≥n, y al dojo de Miguel √Āngel de Quevedo llegaban muchos extranjeros a entrenar. En una ocasi√≥n, lleg√≥ un suizo que med√≠a como 1.95 metros de estatura (yo mido 1.62) y dije: yo me puedo defender.

Ese estado de seguridad llega algunas veces, muy pocas… yo tengo un poco m√°s de 52 a√Īos de haber iniciado, y pocas veces llega uno a ese estado en el que se dice: lo que me tiren lo defiendo. Ese es un estado especial.

Sensei Majima anotando Ippon y Jorge Noceda, 7 A√Īos despu√©s, en una acci√≥n similar. Foto Cortes√≠a.

Mi primera competencia fue cuando era Cinta Verde, fue en la Segunda Copa Majima, se hizo luego de su fallecimiento, y aquel que la ganara tres veces se quedaba con el trofeo. Era entre los alumnos de la escuela y de otros dojos. Fue en el hotel Mar√≠a Isabel Sheraton, y fue la primera vez que vimos que se montaba un estrado sobre una tarima, no hab√≠a tatamis en ese tiempo, pero se pintaba un √°rea para las competencias con p√ļblico. Hab√≠a sillones, como en un teatro, porque as√≠ era la costumbre para hacer campeonatos mundiales en ese tiempo. Fue muy agradable y emocionante competir en ese evento, entr√© en kata y kumite, qued√© como en cuarto. Pero como no hab√≠a muchos Cintas Negras entr√°bamos tambi√©n los grados menores, en mi caso, de cinta verde, por nuestra decisi√≥n o por la orden de nuestro maestro.

Ex√°menes. La Cinta Negra

Los exámenes los venía a hacer el maestro Hidetaka Nishiyama, que vivía en Estados Unidos, porque el maestro Matsuura no podía examinar, no tenía el rango de examinador. Eso causaba que un examen a veces tardara mucho tiempo en presentarse, y a veces hacíamos dos exámenes el mismo día, porque el maestro así lo consideraba.

A veces √©ramos unos 70 alumnos los que hac√≠amos examen, ven√≠an de diferentes estados, y como a veces el maestro tardaba hasta un a√Īo en venir nosotros ten√≠amos que esperar -es parte de la disciplina- y lo hac√≠amos con gusto, porque adem√°s no hab√≠a de otra, los maestros japoneses eran muy estrictos en qui√©n pod√≠a o no hacer ex√°menes.

Un examen se presentaba, pero no hab√≠a prisa de saber si uno lo aprobaba o no, a la semana aparec√≠a una lista en el dojo, en la que ven√≠an los nombres de todos los que hab√≠an hecho examen, as√≠ como los que hab√≠an o no pasado. Generalmente iba con una nota que dec√≠a ‚Äú3 o 6 meses o un a√Īo‚ÄĚ, que era el tiempo que se les daba para volver a presentar su examen.

En ese mismo dojo hice mi Cinta Negra, me la dio el maestro Nishiyama. Fue un proceso natural de ir de cinta blanca a negra, en un m√≠nimo de cuatro a√Īos, aunque era com√ļn que alguno reprobara. Ese d√≠a tuve la fortuna de que, junto con mi compa√Īero Pedro Flores, fuimos los √ļnicos que aprobamos el examen para Cinta Negra.

Diploma por 2 lugar kumite, 1972. Imagen Cortesía.

En un examen que iba para 3er Dan, me toc√≥ hacer combate con uno de tres hermanos argentinos que eran muy reconocidos porque les gustaba hacer combate y eran muy duros y les gustaba pegar; entonces, cuando me toca hacer combate con √©l, Gerardo Covarrubias, que fue mi compa√Īero y entrenador de la Selecci√≥n Mexicana, se acerca a m√≠ y me dice que tena cuidado, porque le gusta pegar, yo lo que pens√© fue: si me quiere pegar, pues yo le pego primero. Y el maestro Matsuura me grit√≥ desde la mesa con Nishiyama: Noceda, no pegue, no pegue. Pero ya le hab√≠a pegado y reprob√© el examen.

El legado de Sensei Hiroshi Matsuura

Sensei Hiroshi Matsuura, mi maestro, ha sido para m√≠ una persona muy especial. Yo lo valoro mucho por todo lo que hizo por el karate en M√©xico y, tal vez, no se le reconoce. Una de las cosas que hizo fue llevar al primer equipo de M√©xico a un Campeonato Mundial en 1970 en Jap√≥n y los que fueron eran compa√Īeros nuestro dojo.

Pero, principalmente, nos ense√Īo a ser honestos, humildes y disciplinados, porque √©l era as√≠, era muy disciplinado y entrenaba todos los d√≠as, a parte de sus clases, que a excepci√≥n de los domingos, eran todos los d√≠as.

Con √©l entrenamos como diez a√Īos en el dojo de Miguel √Āngel de Quevedo, hasta que vino la etapa de la devaluaci√≥n en M√©xico, fue antes de 1990.

Díptico Asociación Japonesa de Karate en México. Imagen Cortesía.

El maestro Matsuura siempre estuvo muy bien relacionado a nivel pol√≠tico, le d√°bamos clases a varios pol√≠ticos, entre ellos a la escolta de Hugo Cervantes del R√≠o, quien fue Secretario de la Presidencia de la Rep√ļblica.

Antes de que cerrara el dojo de Miguel √Āngel, el maestro Matsuura nos cit√≥ a una reuni√≥n con los cintas negras y se present√≥ con el maestro Nishiyama, nadie esperaba que √©l llegara. Estaba sentado el maestro Matsuura, en medio Nishiyama y a su lado el maestro Shuhei Tsukada, y se hablaron varias cosas, entre ellas las que pod√≠amos hacer ex√°menes a 4 kyu.

Sensei Hiroshi Matsuura. Foto Cortesía.

Cuando Nishiyama tom√≥ la palabra, abraz√≥ a Tsukada y lo se√Īal√≥ con el dedo y dijo: a m√≠, este no me gusta, pero ahora, es mi representante en M√©xico. Esto da una idea de que si eres de una organizaci√≥n, sigues siendo de esa organizaci√≥n, le guste o no hasta al mismo jefe, y la necesidad o el orden, hace imperante que sucedan estas cosas, y el que √©l haya dicho eso delante de todos nosotros, hizo pensar muchas cosas y de ah√≠ en adelante hubo muchas separaciones entre nosotros mismos.

Continuar√°…

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*‚ÄĚHistorias de Karate, relatos de un Sensei‚Ķ‚ÄĚ surgi√≥ luego de una pl√°tica entre Sensei √Ālvaro Ruiz Mu√Īoz, miembro de la directiva y tesorero de la ISKF-M√©xico, respecto a la importancia de recuperar historias relacionadas con el Karate Do y Sensei que han sido parte importante y aportado un legado para el arte marcial, m√°s all√° de los aspectos deportivos.

Con ello, deseamos destacar sus trayectorias y conocerlos como son, grandes maestros y personas.

 

Imágenes: Cortesía.

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